Entrevista: Paul Caso Monzón, magíster en periodismo económico y comunicador corporativo.
El ingeniero Luis Rivera Ruiz, es actual director de operaciones para Sudamérica de Glencore, un profesional reconocido con experiencia de 36 años en la industria minera del país y el exterior, liderando como Senior Executive y otras responsabilidades de Alta Dirección, distintos proyectos y obras de trascendencia en el sector.

¿Cómo surge su vocación profesional por desempeñarse en el sector minería?, ¿quién lo impulsó?
Mi padre era geólogo y desde niño me hablaba con entusiasmo de esta ciencia. Crecí escuchando sus historias de campo y su pasión por comprender la riqueza del subsuelo, lo que despertó en mí un gran interés por el mundo de los minerales y la geología. Ese fue, sin duda, el punto de partida que me impulsó a seguir esta carrera.
Más adelante, estudié Ingeniería Geológica en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y allí terminé de convencerme de que la minería podía ser una herramienta poderosa para transformar regiones y mejorar la vida de las personas. He tenido maestros y colegas que me inspiraron, pero sobre todo fue la convicción de que nuestro país con su riqueza geológica, necesita profesionales comprometidos en transformar ese potencial en bienestar.
¿Cuántos países ha visitado como CEO o alto ejecutivo en representación de compañías en las cuales ha prestado sus servicios?
La minería me ha llevado a trabajar y representar a empresas en distintas partes del mundo. He tenido la oportunidad de hacerlo directamente en Perú, Chile, Argentina, Australia, Sudáfrica, Ghana, Suiza, y también de participar en foros y reuniones en los cinco continentes.
Esta experiencia internacional me permitió entender que aunque cada país tiene sus particularidades, los principios de la minería responsable son universales. Además, me dio una visión global de los desafíos comunes que enfrentamos y de la importancia de compartir aprendizajes y mejores prácticas entre regiones.
¿Cuál ha sido su mayor logro en el sector?
He tenido la satisfacción de ver cómo proyectos mineros pasaban del diseño en papel a convertirse en realidades en el terreno: Alumbrera en Argentina; Antapaccay, Las Bambas y Cerro Corona en Perú; y el emblemático proyecto Salares Norte en Chile. Ser parte de esos procesos ha sido una experiencia única y profundamente enriquecedora.
Sin embargo, más allá de los proyectos, creo que mi mayor logro ha sido liderar equipos que han demostrado que la minería peruana puede operar con los más altos estándares globales. Me enorgullece haber contribuido a consolidar operaciones referentes en seguridad, eficiencia y sostenibilidad y, sobre todo, valoro haber acompañado el crecimiento profesional de cientos de personas que hoy son líderes en la industria.
¿Y decepción por alguna circunstancia?
Más que decepciones personales, me duele ver cuando proyectos mineros en el Perú, que podrían traer desarrollo y empleo, no llegan a concretarse por falta de confianza o de consensos. Cada proyecto frustrado es una oportunidad perdida para el país, para las comunidades y para el propio sector.
Eso refuerza mi convicción de que necesitamos trabajar desde el inicio en construir confianza y diálogo con todos los actores, sin esos cimientos, cualquier esfuerzo técnico o económico puede quedarse corto.
¿Qué desafío tiene en esta nueva etapa como director de operaciones para Sudamérica de Glencore?
Asumir la dirección de operaciones de Glencore en Sudamérica es un reto enorme y motivador. Me propongo que todas nuestras operaciones en la región sean referentes de productividad, seguridad y sostenibilidad.
Mi compromiso es asegurar operaciones eficientes, pero siempre con respeto por las comunidades y el entorno. Además, busco fortalecer el intercambio de experiencias entre países, porque los desafíos son comunes y podemos aprender mucho, unos de otros y, finalmente, quiero contribuir a que Glencore sea reconocido no solo por su producción, sino también por su liderazgo responsable en la región.
¿Cómo percibe a la minería peruana en el año 2040?
Imagino a la minería peruana del 2040 profundamente transformada. Veo un sector digitalizado, con fuerte presencia de energías limpias, y donde jóvenes profesionales lideran operaciones cada vez más seguras, inclusivas y competitivas.
Si hacemos bien las cosas, el 2040 la minería peruana será reconocida no solo por su volumen de producción, sino por ser ejemplo de sostenibilidad, innovación y generación de oportunidades. Confío en que la minería será uno de los pilares del desarrollo sostenible de largo plazo del Perú.
¿Qué consejos brinda a los jóvenes que decidieron estudiar ingeniería metalúrgica, de minas o especialidades afines?
La minería es una profesión exigente, pero tremendamente gratificante. Mi consejo es que mantengan siempre la pasión por aprender, sean curiosos, busquen especializarse, viajen, aprendan idiomas y nunca olviden que su trabajo debe tener un propósito: contribuir al bienestar de las personas.
La ética y la seguridad deben ser sus guías permanentes y algo fundamental: mantengan siempre la humildad de escuchar, porque la minería es un esfuerzo colectivo que se construye en equipo.
¿Y su mensaje a los arequipeños y participantes de Perumin 37?
Arequipa es, sin duda, la capital minera del Perú y de Latinoamérica, y PERUMIN es el espacio donde demostramos que la minería puede y debe ser motor de desarrollo.
A los arequipeños les agradezco su hospitalidad de siempre, y a los participantes les digo que aprovechemos esta semana para aprender, dialogar y, sobre todo, renovar nuestro compromiso con una minería que sume al futuro del país. Este encuentro es una oportunidad única para mostrarle al Perú y al mundo que la minería responsable es posible y que puede ser un eje de desarrollo sostenible para las próximas generaciones.