Mediante Comunicado Público los gremios empresariales y profesionales del Sector Turismo del Cusco, señalan lo que hoy vuelve a ocurrir en Machu Picchu no es un hecho aislado ni una situación imprevista. Es la consecuencia directa de años de decisiones temporales, falta de liderazgo técnico y ausencia de una solución estructural por parte de las autoridades responsables de la gestión del destino, particularmente de la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y del Ministerio de Cultura del Perú.

Nuevamente, el país y el mundo observan imágenes de largas colas, turistas durmiendo o esperando durante horas para intentar conseguir un boleto de ingreso a Machu Picchu, incertidumbre total sobre la disponibilidad de entradas, malestar creciente entre visitantes nacionales y extranjeros y una sensación de desorden incompatible con un destino Patrimonio Mundial.
Y lo más grave es que esta situación ya era absolutamente previsible. El mantenimiento del esquema de venta de 1,000 boletos presenciales diarios en el pueblo de Aguas Calientes se ha convertido en uno de los principales focos de distorsión operativa, económica y social del destino. Lo que inicialmente pudo entenderse como una medida excepcional hoy funciona, en la práctica, como un mecanismo que incentiva congestión, informalidad, especulación y deterioro de la experiencia turística, además de entender que emana de una resolución directoral ilegal contraviniendo normas de mayor rango nacional.
Resulta preocupante que, pese a que estos problemas se repiten año tras año, las autoridades competentes continúen administrando la crisis de manera reactiva, sin asumir decisiones de fondo ni implementar soluciones tecnológicas y de gestión acordes con un destino turístico de talla mundial.
Hoy ya no basta con mesas de diálogo, comunicados coyunturales o medidas parciales. La solución pasa necesariamente por una virtualización integral, transparente y trazable del sistema de reservas y acceso a Machu Picchu, eliminando los mecanismos presenciales que fomentan distorsiones y descontrol.
Machu Picchu representa el principal activo turístico del Perú y uno de los patrimonios culturales más importantes del mundo. Su administración no puede seguir dependiendo de medidas improvisadas ni de decisiones desconectadas de la realidad operativa y turística internacional. Persistir en este modelo significa seguir dañando la competitividad turística del Cusco y del Perú, afectar miles de empleos vinculados al turismo y poner en riesgo la sostenibilidad reputacional del destino más importante del país.