Durante dos semanas, los 17 miembros de la Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur (OROP-PS) se reunieron en Panamá para discutir el futuro del calamar gigante (Dosidicus gigas) y el resultado dejó una sensación amarga: ninguna decisión capaz de detener la explotación sin límites de una de las pesquerías más grandes del planeta, manifestó Alfonso Miranda Eyzaguirre, presidente del Comité para el Manejo Sustentable del Calamar Gigante del Pacífico Sur (CALAMASUR).
Recordó que la OROP-PS tiene el mandato de asegurar la conservación y el manejo sostenible del jurel y del calamar gigante en aguas internacionales del Pacífico sur.
“Sin embargo, mientras el jurel ha recibido durante más de una década una intensa inversión científica, evaluaciones de stock periódicas y reglas claras de manejo, el calamar gigante sigue siendo explotado desde hace 14 años, sin límites de captura efectivos ni recomendaciones científicas que orienten su sostenibilidad”, expresó.
Sostuvo que la OROP-PS ha demostrado que puede desarrollar conocimiento sólido y aplicar medidas cuando existe voluntad política.

El titular de CALAMASUR dijo que “con el calamar gigante, esa voluntad simplemente no ha existido”.
Precisó que el crecimiento de esta pesquería hace aún más grave esta inacción, teniendo en cuenta que, a inicios de los años 2000, las capturas de calamar gigante apenas superaban las 100 mil toneladas anuales.
“Hoy superan los 1.3 millones de toneladas, ubicando a esta pesquería entre las diez más grandes del mundo. Casi el 50% de la captura mundial de calamar gigante ocurre en las aguas internacionales del Pacífico sur, y aun así en esa zona se auspicia seguir pescando sin límites”, puntualizó.
Miranda Eyzaguirre señaló que lo más preocupante es que la OROP-PS ha evitado aplicar el principio más básico de la gobernanza pesquera moderna: el enfoque precautorio.
Explicó que este principio, desarrollado desde la década de 1970 y adoptado ampliamente en las pesquerías del mundo, establece que cuando existe incertidumbre científica deben aplicarse límites preventivos para evitar el colapso de los recursos. En el Pacífico sur, sin embargo, la mayor pesquería de calamar del planeta sigue operando como si ese principio no existiera.
El presidente de CALAMASUR informó que en esta reunión, Perú y Ecuador plantearon la adopción de medidas precautorias, entre ellas un límite de captura y la creación de zonas de no pesca en áreas cercanas a las aguas de Perú, Ecuador y Chile.
“Ninguna de estas propuestas fue adoptada”, declaró Miranda Eyzaguirre.
Dijo que, en su lugar, la Comisión aprobó una reducción del 15% del número de barcos registrados para pescar calamar gigante y estableció un plazo máximo de un año para definir medidas más ambiciosas.
Agregó que, en la práctica, esto equivale a postergar nuevamente las decisiones estructurales.
“El promedio de barcos activos de bandera china ha sido de 510 entre 2020 y 2025. Hacer que el total de la flota registrada se reduzca en un 15% solo logra que este pase de 671 a 570 barcos. A todas luces, retirar el 15% de los barcos registrados suena muy bien para las tribunas; sin embargo, carece de impacto real para reducir los riesgos para la sostenibilidad del recurso”, sentenció por su parte, Elsa Vega, presidenta de la Sociedad Nacional de Pesca Artesanal del Perú (SONAPESCAL).
“Hay que reconocer que se aprobó una medida que dice reducir la capacidad de la flota, pero ha sido insuficiente y no solo no limita el esfuerzo, sino que puede causar la falsa sensación de avance normativo y evitar que se siga trabajando por el verdadero equilibrio. La OROP-PS ha establecido una cuenta regresiva de un año y ese reloj ya empezó a correr. Se nos ha dicho que desarrollar la evidencia que determine las medidas de manejo a aplicar podría demorar al menos 3 años más. Entonces, es necesario reflexionar si será posible mantener sin límites una pesquería tan grande aún por muchos años más”, señaló Alfonso Miranda, presidente de CALAMASUR.
Añadió que, para miles de pescadores artesanales de la región, la paciencia comienza a agotarse.
“A China y al mundo les decimos: a los pescadores artesanales se nos está acabando la paciencia”, concluyó Elsa Vega.